viernes, 20 de marzo de 2009

LENGUAJE Y SOCIALIZACIÓN

El lenguaje es indisociable del medio familiar del niño/a. En los primeros meses de vida, la entonación de las palabras de la madre (o adulto con el que establece una relación de apego) les daba significado; ahora una palabra es toda una acción: "guau" tal vez significa "ese perro que me asusta con sus ladridos", es decir, el niño/a emplea la palabra-frase con la que se expresa no un objeto concreto sino una situación determinada.

Más tarde, alrededor de los tres años, el niño/a comienza una época de interrogaciones continuas, haciendo preguntas de las que conoce la respuesta; más adelante, a los cuatro años insistirá en los "por qué" y los "cómo", y más que la explicación le interesa ver si la respuesta se ajusta a sus propios sentimientos; no hay que olvidar que es una edad egocéntrica en la que el niño/a se acerca a los objetos en función de la adecuación de éstos a sus deseos y necesidades.

Pero el lenguaje es tanto expresión de las tendencias individuales como de las influencias exteriores. La conversación que se inicia de modo rudimentario entre madre e hijo/a tiene también una dimensión social. El niño/a que oye el "no, no", aprende a posponer la satisfacción inmediata de un impulso a cambio del beneficio del cariño y la aprobación del adulto. Por medio del lenguaje se le transmiten las pautas propias de la cultura en que ese núcleo familiar está inmerso.

El niño/a desarrolla su personalidad primero en la familia y luego en la sociedad. Los primeros años son de primacía familiar en su vida, pero luego, con su incorporación a la escuela, aparece la necesidad de aprender a convivir con los otros niños/as.

Su primera experiencia escolar es casi una continuación de su mundo familiar: la maestra es una madre (o el maestro) y los compañeros/as ocupan el lugar de los hermanos/as; los conflictos que surgen en la escuela son semejantes a los que vive en su casa; por eso, la adaptación a ese nuevo medio estará influida, en gran medida, por el tipo de vivencias que tenga con sus padres y hermanos/as.

Una forma de elaborar y resolver los conflictos que aparecen tanto en la escuela como en su propio hogar son, además del juego, los cuentos a los que los niños/as, en estas edades, son tan aficionados: el niño/a se embelesa oyendo hablar de la gran boca del lobo feroz y abre su boca a la vez que lo hace el lobo; los cuentos le ayudan a elaborar los miedos tan comunes de estos años.


Algunas de las adquisiciones que hace el niño/a tanto de su personalidad social como del lenguaje, según lo explica Gesell, son:

A los dos años:

Utiliza los nombres de cosas, personas, y la palabra-acción.
Se llama a sí mismo/a por su nombre en vez de usar el "yo".
La jerga ha desaparecido pero sigue canturreando al decir su o sus palabras. Le gusta escuchar y le gusta revivir sus acciones en cuentos en los que él o ella es el protagonista.
Usa la palabra mío "manifestando un interés inconfundible por la propiedad de cosas y personas".
Cuando juega con otros niños/as no se relaciona con ellos/as más que físicamente.
Desconfía de los extraños y no es fácil de persuadir.
Se ríe con ganas y muestra signos de simpatía o de vergüenza.

A los tres años:

Comienza a decir frases.
Disfruta con el preguntar por preguntar.
Le gusta el soliloquio y el juego dramático en el que practica palabras, frases y sintaxis.
"Con el niño/a de tres años se puede tratar"; es capaz de negociaciones en las que cede para conseguir algo.
Tiene gran deseo de agradar y pregunta si ha hecho bien lo encomendado.
La llegada de un hermano/a le puede provocar celos, angustia e inseguridad.
Habla consigo mismo/a o como si se dirigiera a un otro imaginado.
Empieza a compartir sus juguetes.
Se puede quitar los botones de delante y de los lados.
No sólo se baja los pantalones sino que puede quitárselos.
Duerme ya toda la noche sin mojarse e incluso suele hacer sus necesidades sin ayuda.

A los cuatro años:

Hace preguntas casi sin parar.
Le gusta hacer juegos de palabras, "se divierte con los más absurdos desatinos, para atraer la atención del auditorio".
"Su lenguaje es meridiano, no le gusta repetir las cosas".
Llega a sostener largas conversaciones, mezcla de ficción y realidad, "tiene mucho de charlatán y algo de irritante".
Es hablador/a y utiliza con entusiasmo el pronombre personal.
Puede vestirse y desvestirse casi sin ayuda.
Se hace el lazo de los zapatos, se peina sólo y se cepilla los dientes.
Va al baño sólo/a, preferentemente si hay otros, movido por "una nueva curiosidad que empieza a surgir".
Empieza a formar grupos para jugar de dos o tres niños/as.
Comparte sus cosas pero a veces tiene arrebatos caprichosos con la intención de provocar reacciones en los demás: "puede ser un verdadero/a sargento para dar órdenes a los demás".
Tiene cierta conciencia de las actitudes y opiniones de los demás: es excelente para encontrar pretextos y justificar su comportamiento.

A los cinco años:

Parece un adulto/a en su forma de hablar, sus respuestas son ajustadas a las preguntas que se le hacen.
Sus preguntas buscan una respuesta y tiene verdadero deseo de saber.
En su deseo de entender el mundo es muy práctico y le gustan los detalles concretos "sin irse por las ramas ni la fantasía".
Distingue sus mano derecha e izquierda pero no las de los demás.
Es obediente y puede confiarse en él o ella.
Le gusta colaborar en algunas tareas de la casa.
Se muestra protector/a, a veces, con los más pequeños.
Sabe decir su nombre y dirección.
Juega en pequeños grupos de dos a cinco niños/as.
Prefiere el juego con otros y muestra cierta comprensión de situaciones sociales.
"La seguridad en sí mismo/a, la confianza en los demás y la conformidad social son los rasgos personal-sociales cardinales a los cinco años"


Fuente: Escuela de Padres ISFTIC.

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